Una experiencia llena de esperanza, viaje a la Fundación Vicente Ferrer

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Una experiencia llena de esperanza, viaje a la Fundación Vicente Ferrer

“¿Qué tienen que ver un trabajador de Recursos Humanos, una persona del Departamento de Gestión de Tiendas y una Directora de Tecnologías e Innovación? Dentro del Grupo Pikolinos algunos temas del día a día, fuera de la oficina mucho: comparten una misma inquietud. Son tres personas que se pusieron en contacto con la Fundación Juan Perán – Pikolinos para preguntar sobre la propuesta que ésta había lanzado para participar en un viaje solidario a India para conocer los proyectos que estaba llevando a cabo junto con la Fundación Vicente Ferrer. La Fundación les juntó y ellos hicieron el resto, pusieron sobre la mesa su deseo de conocer y ver de primera mano lo que era la cooperación, cuadraron fechas, buscaron vuelos y de ahí salió una gran experiencia que a su vuelta nos han presentado en una charla y que ha contado con la presencia de Sergio Moratón, Delegado de la Fundación Vicente Ferrer de la Comunidad Valenciana y Región de Murcia.

Gumer, Elvira y Maribel, estuvieron cuatro días en la Fundación Vicente Ferrer, pero tienen tantas cosas que contar y transmitir que no caben en este artículo. A la hora de resumir esta experiencia en una sola palabra, los tres han coincidido: ESPERANZA.

Nos dice Gumer, que trabaja en el Departamento de Recursos Humanos, “Esperanza al descubrir que se pueden cambiar las cosas. Que nadie es un súper héroe pero que con pequeños gestos y uniendo esfuerzos se pueden conseguir grandes cosas. Esperanza al entender que por trágica que sea la situación que uno esté viviendo, siempre se puede encontrar un motivo por el que sonreír… Esperanza en el ser humano al encontrar tanta gente que colabora de manera desinteresada, sacrificando mucho a cambio de nada o podríamos decir también de mucho porque el cariño y las muestras de agradecimiento que recibes son inmensas.

Y es verdad, es mucha la gente que colabora con la Fundación Vicente Ferrer y hace posible que sus proyectos salgan adelante. Nos cuenta Elvira que “Nada más llegar nos recogió un chofer que nos condujo hasta la Fundación a través de carreteras intensas y movidas. Es una de las primeras aventuras en la India, ir en coche por carretera… mucho más salvaje que la M30 de Madrid. Pendientes de nosotros, Jashina nuestra traductora, siempre pendiente de nosotros, se preocupó de que no nos faltara de nada y estuviéramos bien.”

Elvira trabaja en el Departamento de Gestión de Tiendas Marca Pikolinos y Martinelli nos cuenta muy emocionada uno de los testimonios que más le marcaron: “Uno de los comentarios que más me impactó, fue cuando, hablando con una de las mujeres de los proyectos de Mujer a Mujer, comentó “estoy feliz porque dejo a mis hijas e hijos un mundo mejor”. Oír eso en uno de los países más pobres del mundo, contrastó mucho con lo negativos y catastrofistas que somos cuando se dicen comentarios de “me da miedo el mundo que dejo a mis hijos” en una sociedad en la que vivimos con tantas comodidades. Quienes menos tienen, son los que más agradecen cada pequeño esfuerzo y detalle”

Y es verdad que dentro de este proyecto cada detalle cuenta. Maribel, Directora de Tecnologías e Innovación dentro del Grupo Pikolinos, no era la primera vez que viajaba a la India, durante su primera estancia que recuerda con “Expectación y cierta incredulidad” conoció a un niño, que se encontraba en una pequeña cuna donde le sobresalían los pies, ella se acercó y el niño sonrió al verla. A ella se le quedó grabada esa imagen y desde ese primer viaje quería localizar a ese niño, así que la Fundación hizo lo posible para que volvieran a encontrarse y según ella relata “El reencuentro con la Fundación y sus gentes fluyó con la misma naturalidad, calidez, amabilidad que en mi primera vez. Pero está feliz comunión, en esta ocasión se vería redondeada con un reencuentro muy esperado y ansiado durante años ….”El niño del árbol de las Espinas” – Vishnu. Volver a tenerlo cerca y verlo sonreír a pesar de su paralasis cerebral y deficiencias físicas es el mayor regalo que he podido recibir. Su mirada fija, indiscreta, limpia y feliz ha potenciado la luz del sendero de la humildad, la solidaridad, el agradecimiento, la esperanza y los sueños.  ¿Cómo se puede ser tan feliz, con tan poco?”

Durante su estancia nuestros tres compañeros visitaron numerosos lugares, Elvira nos cuenta como a través de pequeños proyectos se puede hacer mucho: “Una bicicleta, una simple bicicleta, consigue cambiarles la vida. Cuando ves que se ilusionan con pequeños detalles, jugar con ellos, estar ahí simplemente…, que les visitemos, que entendamos su mundo”. Y es verdad que para la Fundación Vicente Ferrer estas visitas son muy importantes y les llena de orgullo recibir a personas que se interesen por su trabajo. “Vimos el High School de sordos, donde los niños nos miraban con una despierta curiosidad. Los talleres de mujeres donde se convertían en profesionales independientes. Visitamos el hospital con sencillas grandes mejoras, y con sus ganas de innovar y mejorar los problemas que van detectando en la población. Conocimos niños discapacitados muy despiertos y cariñosos. Colegios de niños que nos mostraban como desarrollaban otras capacidades asombrosas, canto, baile… En el 4º peor país del mundo para nacer mujer, trabajaban con grupos de mujeres que querían salir adelante.” Nos recuerda Elvira.

Nuestros tres compañeros han vivido cuatro días intensos en la Fundación Vicente Ferrer viendo proyectos que, como dice Maribel, son “Crudos pero esperanzadores y que actúan como un analgésico ante tanta miseria y marginación”. Ahora Gumer, Maribel y Elvira se han convertido en embajadores del trabajo de la Fundación Vicente Ferrer, nos dieron una charla magistral a los trabajadores del Grupo Pikolinos sobre esta experiencia y nos han animado a muchos a visitar esta gran labor y nos dejan una frase de Vicente Ferrer:  “Ninguna acción humana, se pierde en este mundo. En algún lugar quedará para siempre